La violencia estética en redes sociales
Durante siglos, las mujeres han sido sometidas a seguir y tratar de alcanzar múltiples cánones de belleza impuestos por la sociedad, lo que ha provocado una constante inconformidad corporal, así como trastornos y severos problemas de autoestima en relación con el cuerpo. Estos estándares, incluso, han servido como base para que industrias, como la cosmética, moda y el rubro de las intervenciones y cirugías estéticas moldeen sus ofertas a los parámetros establecidos. En la actualidad, estas exigencias se utilizan como estrategia de alcance en tendencias virales de internet, dejando a su paso profundas secuelas físicas y emocionales. Este conjunto de presiones por calzar en un canon, junto con sus consecuencias, es lo que hoy se conoce como "violencia estética".
La conceptualización del fenómeno
La violencia estética es un concepto que hace referencia a la imposición de cánones de belleza irreales. Este escenario se ha exacerbado significativamente en el actual mundo digitalizado, donde un 62% de la población mundial tiene acceso a las redes sociales, según el estudio realizado por la investigadora Khushi Suhag y su equipo de colaboradores (Suhag et al., 2024).
En el año 2012, la doctora en Ciencias Sociales Esther Pineda conceptualizó este fenómeno, en respuesta a un suceso al cual millones de personas estaban siendo víctimas sin identificar claramente. A través de la publicación de su libro "Bellas para morir: Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer", Pineda definió la violencia estética como la presión sistemática que sufren las mujeres para responder a expectativas y exigencias de belleza inalcanzables. Según explica la autora, "la violencia estética se fundamenta sobre cuatro premisas: el sexismo, la gerontofobia, el racismo y la gordofobia, por lo cual siempre le va a exigir a las mujeres feminidad, juventud, blanquitud y delgadez". En la era digital, estas exigencias se ven fielmente reflejadas en los filtros y aplicaciones de redes sociales, herramientas diseñadas para modificar las características o la morfología del rostro y el cuerpo con el fin de acercarlos artificialmente a dichos cánones.
Impacto en la salud mental y en las nuevas generaciones
En los últimos años, diversos estudios han asociado un mayor uso de las plataformas digitales con niveles más altos de insatisfacción corporal, lo que puede derivar en consecuencias perjudiciales para la salud mental, incluida la depresión. Solo en Estados Unidos, el 22,89% de las mujeres y el 17,81% de los hombres han indicado que las redes sociales afectan negativamente la percepción que tienen de sus propios cuerpos, en un estudio realizado por Adolescere.
A este panorama se suma el reciente fenómeno denominado #SephoraKids, viralizado a través de TikTok. Esta tendencia ha causado alerta mundial por el alto interés de menores de 12 años en el uso de productos cosméticos y rutinas de cuidado de la piel formuladas para adultos. En los registros, se observa a niñas de entre 10 y 12 años adquiriendo artículos de belleza de forma compulsiva y emulando comportamientos o tutoriales propios de un público mayor. De hecho, según un informe de la Asociación de Cosmética de España, Stanpa, el mercado de productos de cuidado de la piel enfocado en el público infantil y preadolescente ha registrado un aumento del 18% en su facturación, impulsado directamente por el impacto de los creadores de contenido digitales.
El camino hacia la concientización social
Este escenario obliga a cuestionar qué acciones se deben tomar para evitar la propagación de la violencia estética hacia las futuras generaciones y a través de los diversos canales de comunicación. Esther Pineda recomienda abordar la situación desde un enfoque estructural: "Entender que no es un problema individual, sino que es un problema social, multicausal y plurifactorial. Por ello debe ser abordado y atendido desde diferentes ámbitos". La experta señala que el "amor propio" no basta; es indispensable cambiar la forma en que las personas son vistas y tratadas socialmente por su imagen.
Para erradicar la violencia estética, es fundamental tomar acciones concretas en la vida diaria:
Erradicar los chistes, comentarios y juicios sobre la imagen y los cuerpos ajenos en el ámbito familiar, escolar, laboral y de pareja.
Exigir a los medios de comunicación e industrias asociadas una mayor diversidad corporal, de edad y étnico-racial en sus narrativas y representaciones.
Incentivar la discusión de estos temas en los espacios cotidianos para colectivizar la experiencia y desnormalizar la presión estética.
Tomar conciencia sobre el peso social de estas acciones es un deber colectivo. Promover la amabilidad, cambiar la percepción tradicional de lo que se considera “bello" y reconocer el inmenso valor de la diversidad humana es el primer paso para construir una sociedad más sana. Cada individuo tiene la capacidad de desafiar estos mandatos desde su cotidianidad animándose, por ejemplo, a explorar nuevas formas de expresión e inspirándose en diversos modelos de belleza, desligándose de presiones perjudiciales para la salud física y mental, y convirtiéndose así en un agente activo del cambio.
Las exigencias desmedidas hacia la imagen corporal son una extensión de las desigualdades de género que aún persisten en la sociedad. Para profundizar en cómo el mundo está abordando estos desafíos estructurales y conocer las metas propuestas por la Organización de las Naciones Unidas, te invitamos a leer nuestro artículo sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 5: Igualdad de Género.

