Violencia estética: el regreso de los estereotipos de belleza hegemónicos

La violencia estética, concepto que hace referencia a la imposición de cánones de belleza irreales en la sociedad, ha regresado con gran fuerza durante los últimos años. A través de nuevas tendencias de moda, la industria cosmética y el auge mundial de medicamentos para adelgazar, se ha reabierto el debate sobre la peligrosa imposición de los estereotipos de belleza hegemónicos. Esther Pineda, académica venezolana que ha acuñado este concepto, ha mencionado que esta violencia está basada en cuatro conceptos claves: racismo, gordofobia, gerontofobia y sexismo.

El fenómeno farmacológico y el culto a la delgadez

Una simple búsqueda de la palabra "Ozempic" en internet arroja cientos de millones de resultados. Este fármaco, junto a otros desarrollados originalmente para el tratamiento de la diabetes, ha sido popularizado masivamente como un método rápido para la pérdida de peso. Esta tendencia ha marcado un nuevo y preocupante estándar en los medios de comunicación y las plataformas digitales. Decenas de actrices, cantantes y diversas personalidades públicas han exhibido cambios físicos drásticos, instaurando nuevamente un estricto culto a la delgadez que parecía estar en retroceso.

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Las raíces de la violencia estética

En el año 2012, la doctora en Ciencias Sociales Esther Pineda conceptualizó este fenómeno en su libro "Bellas para morir: Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer". Pineda definió esta problemática como la presión sistemática a la que son sometidas las mujeres para responder a expectativas y exigencias estéticas inalcanzables. Tal como indicó la autora, la violencia estética "se fundamenta sobre cuatro premisas: el sexismo, la gerontofobia, el racismo y la gordofobia, por lo cual siempre le va a exigir a las mujeres feminidad, juventud, blanquitud y delgadez". Hoy en día, estas presiones se ven fielmente reflejadas en la normalización de tratamientos estéticos invasivos y en el uso constante de filtros digitales diseñados para modificar la morfología de rostros y cuerpos.

Un retroceso en la salud mental y la diversidad

Las cifras globales respaldan este crítico escenario. En 2022, se registró la realización de más de nueve millones de procedimientos con bótox a nivel mundial, lo que representó un aumento del 26,1 % respecto al año anterior. Paralelamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que un 9 % de la población global sufre algún tipo de trastorno de la conducta alimentaria (TCA), afectando a más de 70 millones de personas.

"Lejos de avanzar hacia una belleza inclusiva que respete la infinita diversidad que hay en el mundo, los últimos años vemos un retroceso hacia cánones de belleza hegemónicos, que buscan instaurar conceptos de delgadez, edadismo y discriminación por envejecimiento, y una perfección que es imposible de alcanzar. Estamos eliminando los esfuerzos que diversas organizaciones e instituciones han realizado por la salud mental de las personas y la inclusión corporal", advierte Nicole Valdebenito, directora de Incidencia de Te Protejo. Las tendencias virales en redes sociales no hacen más que reafirmar este retroceso. Corrientes como la estética "clean" o el uso masivo de filtros que simulan una piel libre de poros y alteran las proporciones para reducir cinturas, perpetúan la idea de que la belleza válida es únicamente blanca, joven y delgada. Estas construcciones patriarcales recaen y afectan de manera desproporcionada a las mujeres y a la comunidad LGBTQIA+.

El poder de la acción colectiva e individual

Este panorama obliga a cuestionar qué acciones son necesarias para frenar la propagación de la violencia estética, tanto hacia las futuras generaciones como en los distintos canales de comunicación. Siguiendo las recomendaciones de Pineda, es imperativo comprender que este no es un problema individual, sino una crisis social, multicausal y plurifactorial. Promover el "amor propio" es insuficiente si no se transforma estructuralmente la manera en que las personas son valoradas y tratadas por su imagen. Para erradicar estas violencias, cada individuo tiene la capacidad de tomar acciones directas y generar cambios desde su entorno más cercano:

  • Frenar los juicios: Eliminar de raíz chistes, comentarios y opiniones no solicitadas sobre la imagen y los cuerpos ajenos en el ámbito familiar, escolar, laboral o de pareja.

  • Exigir representatividad: Demandar a los medios de comunicación y a las marcas comerciales narrativas visuales que incluyan una diversidad corporal, etaria y étnico-racial real.

  • Desnormalizar la presión: Fomentar la discusión crítica de estos temas en los espacios de convivencia cotidiana para colectivizar la experiencia y generar conciencia.

Reflexionar sobre cómo la violencia estética atraviesa la rutina diaria es el primer paso para detener su avance. Asumir un rol crítico frente a los contenidos que se consumen y reproducen socialmente es la herramienta más poderosa para construir una sociedad basada en el respeto absoluto por la diversidad humana y el cuidado de la salud integral.

Garantizar la participación plena y efectiva de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, la ciencia y la industria es un pilar indispensable para el desarrollo sostenible. Visibilizar estas realidades forma parte del compromiso por democratizar el acceso a oportunidades y erradicar los sesgos históricos. Descubre más sobre las metas globales y los avances en materia de derechos humanos en nuestra nota dedicada al Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 (ODS 5).

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